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ODON

  • por
Endeudados

ODON (nombre gallego de origen germánico que significa ‘poseedor de riqueza’)

 

Había  una vez  un  duende  llamado Odón tan avaro, que su mayor ilusión en la vida era tener riqueza para sentirse una persona importante.

Durante una gran parte de su vida, escarbaba con su pico recónditos lugares en el bosque para encontrar pequeñas pepitas de oro. Al cabo de muchos años metió  en un gran saco todas sus pertenencias. Lo más importante para él, era ser rico de verdad.

A la vez que acumulaba su valioso tesoro, pensaba en qué lugar lo escondería. Tenía que ponerlo a salvo de posibles ladrones. Buscó concienzudamente un sitio adecuado y al final, decidió que el mejor lugar era allí donde se acababa el arco iris, camuflado por una gran roca.

– ¡Es el sitio perfecto para esconder el oro! – pensó mientras lo envolvía cuidadosamente en un saco de esparto y lo metía en un hueco detrás de la roca.

Aunque creía que jamás nadie descubriría su secreto, no podía evitar estar intranquilo. Dormía mal por las noches y cada día que llovía y el arco iris aparecía, salía e iba a comprobar que el oro seguía en su lugar. Durante meses, actuó de la misma manera.

Un vecino que solía pasear por allí, vio un día al duende Odón levantar la roca y luego marcharse. Intrigado, decidió investigar qué era eso que con tanta ansia miraba. Con mucho sigilo se acercó a la roca y para su sorpresa, descubrió el reluciente oro. Rápidamente lo cargó sobre sus espaldas y desapareció sin que nadie le viera.

Cuando  Odón  fue la mañana siguiente a ver su tesoro, el hueco estaba vacío.

– Oh, no… ¡Me han robado! ¡Me han robado! ¡Ya no soy rico! – se lamentaba – ¿Qué va a ser de mí?…

Un campesino que oyó su llanto, se acercó y le preguntó el motivo de su tristeza. Abatido le contó la historia. El campesino no pudo evitar decirle lo que pensaba.

– Has perdido gran tiempo de tu vida en buscar oro inservible, tan sólo por el placer de contemplarlo y sentirte rico y poderoso. Coge ese pedrusco gris que está junto a tus pies, colócalo en el agujero y piensa que es un trozo de oro. Total, te va a servir para lo mismo, es decir… ¡para nada!

Odón admitió que se había equivocado. Ahora era más pobre que nunca pero al menos aprendió de su error y comenzó a apreciar las cosas importantes de la vida.

Moraleja: debemos valorar las cosas que son útiles y nos hacen la vida más agradable. Acumular riqueza, si no se disfruta, no sirve de nada.